Sabes que te has enamorado cuando respiras al compás de la respiración de la otra persona, cuando en silencio posas tu cabeza sobre su hombro y no hacen falta palabras que digan que os queréis, lo notas. Cuando cada vez que os besáis, vuestras bocas encajan en un puzzle perfecto del que será difícil remover las piezas.
Pero también lo sabes con cada beso, con cada sonrisa que lanzas a los cuatro vientos, cuando entiendes que sólo hay una persona en el mundo que te hace sentir que miles de mariposas se paseen por tu estómago. Cuando agarras su mano, y entiendes que encajan, espacio con espacio, dedo con dedo. Cuando le agarras fuerte y le abrazas como nunca habrías imaginado abrazar a alguien. Cuando no hacen falta más que dos miradas y una sonrisa para saber que quiere un beso.
Sabes que te enamoras cada vez que están sus amigos delante y él llama la atención contigo, para que todo el mundo sepa que eres suya, y sólo suya, y que estará dispuesto a pelear en mil batallas para que el amor que encuentra en su corazón no se esfume jamás. Lo sabes porque lo sientes dentro, porque de algún modo u otro, vuestro inconsciente se siente atraído por esa persona, y con cada beso y cada mirada os atraéis más. Lo sabes porque es inevitable obviar tal sentimiento, ¿sabéis por qué más? Porque las miradas cuentan historias, y los recuerdos que roban sonrisas suelen ser los que has pasado con esa persona a la que tanto amas.

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