Querida niña. No llores por haber perdido algo que no era tuyo, las cosas dejaron de ser como tú pensabas desde hace mucho. ¿Cómo permití que te siguieras ilusionando con tanta mentira? ¿Cómo no fui capaz de darme cuenta de que no hacía más que mentir?
Pues lo cierto es, que sabía de antemano que diera igual lo que hiciera, ahí, tendría tu sonrisa siempre. No contaba con que las cosas se torcerían del camino trazado y que quizás, algún día, te enteraras de su estrategia en el juego.
Por eso te digo, pequeña mía, que no tengas miedo de decir las cosas a la cara, que no tengas miedo de olvidarle. Sabes bien que las cosas que merecen la pena no te apuñalan por las espalda, ni mucho menos te mienten así.
Tú eres la reina de tu castillo, tú eres quien decide si dejar que te hagan daño. Pequeña, ya es hora de crecer, de abrir las puertas hacia otro camino y dejar de una vez de mirar atrás, sabes bien que lo que conseguiste con uno, lo podrás conseguir con el que se te plante en mente. No importa como seas, ni como sea esa persona, empieza por creer en ti misma y las cosas irán mucho mejor, ya sabes de lo que te hablo.
Te quiere, tu yo más pronfunda.
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