miércoles, 4 de febrero de 2015

"Que loquito de envidia hasta Dios volvió a hacerse hombre por ser gaditano"

                                 Cádiz, Tacita de Plata, la isla encerrada entre el viento y el mar


La de las calles estrechas, la de la Alameda pintada de azul


Cádiz, la de las barquillas que inundan la orilla de todas sus playas


La de la Caleta, la de las caballas de sangre y de sal


La de la Catedral convertida en la Plaza


La de la Libertad convertida en las Flores


La de tanto dolor convertido en la gracia
La del tiempo que pasa y que deja pasar
La que se pone a cantar para olvidar por Carnavales


La que con la bajamar hace un altar como le sale


La que abre el puente Canal para que salgan tós sus males


Cádiz la novia del cante, la amante del sur, la del poniente
La de en la calle la gente sencilla pero importante
Tan pobre pero elegante ciudad de nuestra salud

Cádiz Tacita de plata, más de plata que Tacita

La que siempre resucita por más veces que se muera
La del árbol milenario, la del barco de la Habana


La que por cada mañana hace el día a su manera


Cádiz la del horizonte con el sol abandonado


La del vino derramado en la tumba del dinero
La de sirenas de Astilleros


La del amor en cada barquito de vela


La de torres centinelas hechas de piedras mayores
Para que sus miradores pasen las noches en vela


Cádiz, no hay más que decir...
No hay más ciudad en el mundo
Ni mundo mas grande y con mas alegría
Que si volviera a nacer volvería a vivir, a morir y a perder
En la tierra mía.

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