martes, 30 de diciembre de 2014

2014.

Un año es muy largo para repasar todo lo vivido en él. Un año es muy largo para sólo acordarnos de qué hemos vivido el último día. Está claro, no podré hacer una breve síntesis de lo vivido en 365 días, pero lo intentaré.
Para mí, 2014 ha sido el año del cambio, pero en su totalidad. Cambio tanto de pensamiento como de ambiente. 2014 no ha sido   fantabuloso, gracias a dios no ha sido triste, pero tampoco ha sido una mierda de año como he oído hablar por ahí. 
Tal y como 2013 acabó, 2014 también llegó pisando fuerte. Una nueva mascota en casa (sí, el unicornio) seguida de un viaje a Sevilla como joven promesa rodeada de grandísimas personas que compartían mi misma pasión de debatir. Unos carnavales como Reina de Corazones (y muchos 'que le cooorten la cabeza') y una noche de loqueo y desenfreno con una trompeta de juguete en la Catedral. Llegó la Semana Santa, y con ella nuestro debut acompañando a nuestra hermandad, ahí ya se mascaba la tragedia de lo que más tarde vendría, la selectividad.
Un par de meses apretujaos' de exámenes, grandísimas torres de apuntes, cientos de bolígrafos gastados después llegaron los temidos exámenes, los cuales acabamos entre confeti, literalmente.
Y así, a lo tonto, llegó el verano, el verano más largo, una vez aceptada en la universidad para empezar Filología Inglesa, empezó mi verano. Julio no lo disfruté mucho, bueno, en realidad un poquito sí. Pero sin duda, de este verano saco la experiencia más grande y más increíble de mi vida: El viaje a Marruecos,  porque aunque no lo creáis, Marruecos no es lo que os han contado, Marruecos va mucho más allá de todo lo que podáis pensar. De allí sólo tengo palabras maravillosas, y personas que sin duda ya son familia. hablo de los compañeros, que ahora amigos, que me acompañaron en el voluntariado, hablo de las personas que hicieron posible que llegara allí, y hablo, sin duda, de las personas que allí conocí. Assisa, Ahmed, Ancuto, aquel señor que no hablaba y que el último día se despidió de mí besándome la mano, Fátima..., y todos  señores mayores que nos enseñaron tantísimo. También de mis niños, creo que sería imposible olvidarme de ellos, Atef, Dikra, Abdo, mis Mohamed(s), Ismail, Fatema, Fadua, la pequeña Sarah, Chulee..., y todos los demás niños, mis duendes del sur, las mejores personas que he conocido este año, sin duda las conocí allí, ellos me enseñaron literalmente a vivir, me enseñaron que la vida no es de color de rosa, y que muchos niños tienen historias adultas tras ellos, aprendí que mucha gente se parte los cuernos por vivir, y que muchas otras no valoramos lo que se nos da nada más nacer. Aprendí mucho de personas muy pequeñitas con el corazón muy grande, y volví a España con el corazón aún en Marruecos (y quién me diría a mí, que seis meses después sigo con la misma sensación) Tocó acabar el verano de la mejor manera, mucha playa, y luego llegó la universidad. Un horario de mierda pero un nuevo ambiente ideal, cientos de nuevas caras y clases extra-aburridas con un toque de humor por parte de Paco, y así, a lo tonto, ha llegado el fin del año, que no se va con las manos vacías, claro que no, se lleva un gran pedazo de mi vida.
En este año muchas personas han salido, pero han dejado paso a otras muy grandes, la vida es así, cambia para hacerte mejor persona, cambia para que veas que nada es para siempre, y que las personas que se van, se han ido porque han querido.
2014 se va, con un sabor agridulce que me dice que pude haber hecho más aunque quizás no pude, me deja con la sensación de estar enamorada de alguien que no existe, o que quizás sí pero no aparece. 2014 deja paso a otro año, en el que espero hacer realidad mis propósitos.


Adiós 2014, gracias por enseñarme a vivir de verdad, gracias por enseñarme a amar como de verdad se ha de amar, gracias, 2014, de corazón.

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